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Fraseando con: El fantasma de la Ópera.

7 de octubre de 2014

Sección del blog en donde publicaré frases del último libro leído y reseñado en el blog, en caso de que cuente con una cantidad numerosa de frases para compartir.
El fantasma de la Ópera de Gastón Leroux no es un libro en el que haya encontrado muchísimas frases, pero las pocas que encontré y anoté me agradaron y para no dejar vacía esta sección con un libro que me ha gustado tanto, les traje las que más llaman la atención, así que pueden apreciarlas aqui:



 "Si uno de nuestros amigos tiene un pesar, no hay que tratar de consolarlo; dirá que ya lo está; pero, si le ocurre algún suceso feliz, no hay que caer en el error de felicitarlo; le parecerá que aquella caricia de la fortuna es tan natural que le chocará que le hablen de ella."


"Jamás será parisiense aquel que no haya aprendido a ponerle una máscara de alegría a sus dolores, y el antifaz de la tristeza, el fastidio de la indiferencia a su intima alegría."


"Hay tantas reputaciones usurpadas –replicó Moncharmin. ¿Acaso yo, que no soy capaz de distinguir la clave de fa de la clave de sol, no tengo fama de ser entendido en música?"


"Es que hay, en efecto, en todas las artes y en cl arte del canto especialmente, un cierto lado exterior material que se dirige más bien a los sentidos que al alma. Ese es cl lado que domina un instante a las multitudes ignorantes, pero es también aquél que le da menos gloria y le asegura menos su brillo. Las voces que no son más que voces se marchitan pronto, y es justo que no duren, porque pronto cansan también al auditorio que pudieran sorprender en el primer momento".


"Hay momentos en que la gran inocencia de alma parece tan monstruosa, que se vuelve odiosa".

Reseña | El fantasma de la Opera | Gastón Leroux.

6 de octubre de 2014


Ficha Técnica.
Título original: Le fantôme de l’Opéra.  | Autor: Gastón Leroux.


Traducción: Rafael Sender                      | Editorial: Alianza.

ISBN: 84-226-3076-1                               | Páginas: 299.



A final de la segunda mitad del siglo XIX, en el Teatro de la Ópera de París no se habla de otra cosa que de la existencia de un ser extraño de apariencia aterradora que hacía imperar sus leyes en el palco número cinco del teatro. Las bailarinas de la ópera, el coro, las limpiadoras, los ejecutivos, las acomodadoras -sobre todo Madame Giry, que servía al palco del fantasma-, todos hablaban atemorizados de que lo habían visto en alguna ocasión.
El fantasma de la ópera existió. No fue, como se creyó durante mucho tiempo, una inspiración del artista, una superstición de directores, la creación extravagante de los cerebros excitados de las señoritas del cuerpo de baile o de sus madres, de las acomodadoras, de los encargados del vestuario y de la portería.
Sí, existió, en carne y hueso, a pesar de que tomara toda la apariencia de un verdadero fantasma, es decir, de una sombra.


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